Editorial. Vol 2. No 2.

Editorial: La nueva influenza A (H1N1)

Un nuevo virus de influenza, aparentemente mutado en puercos, apareció simultáneamente en México y Estados Unidos en Abril de este año 2009, presentando un alto índice de propagación y los primeros casos de muerte en jóvenes de edad productiva. En poco tiempo la alerta se hizo efectiva ya que aparecieron los primeros casos en otros países.

La OMS, en su último reporte de julio de este año (2009), alertó una vez más del alto potencial de transmisibilidad de este virus, ya que se diseminó por todo el mundo en una cuantas semanas, a diferencia de la pandemia de 1918 que requirió 6 meses para consolidarse, aunque habrá de considerarse que el número de personas en aquel entonces y sus condiciones de desplazamiento no son totalmente equiparables.

De cualquier manera, esta velocidad de transmisión hizo imposible el diagnóstico y la contabilización de todos los casos en forma individual, de tal manera que la nueva estrategia se tuvo que centrar en el diagnóstico y manejo temprano desde el punto de vista clínico.

También se observó que, a diferencia de otras pandemias, este virus reportó una mortalidad muy baja. Esto fue corroborado por la experiencia de lo sucedido en países con invierno austral en donde se acumularon 1,735 fallecimientos, lo cual no impactó tanto si consideramos que la gripe estacional sólo en España deja entre 1,500 y 3000 muertos por año,  por citar un ejemplo.

Se estima que quizás 1 de cada 3 personas podrán sufrir la enfermedad entre 2009 y 20010. Pero, también se sabe que los casos serán leves y con una duración entre 3 y 6 días aproximadamente.

Es obvio que se presagia un impacto social nunca antes visto ya que el alto número de ausentes a escuelas o centros laborales tendrán que pedir auxilio a los hospitales y servicios de emergencia.

Esto nos llevará probablemente a una nueva realidad: los servicios de salud estarán saturados, tanto por casos leves como graves y se escasearán tanto los insumos como la capacidad del personal de salud para atenderlos en forma oportuna y eficiente.

Ante estas premisas se deberán plantear las siguientes consideraciones formuladas por grupos médicos de otros países:

1) Si la enfermedad es leve, con poca mortalidad y los síntomas sólo requieren unos días de reposo,  deberá mantenerse la calma y darle prioridad a las medidas preventivas y tratamiento de los síntomas igual que como se ha hecho con la influenza estacional de todos los años.

2) Dejar para los casos graves o pacientes con enfermedades crónicas el tratamiento del antiviral (Olsetamivir), que se ha documentado su utilidad en influenza estacional y con alta reserva en menores de un año ya que existen reportes del alto riesgo de efectos secundarios a esta edad (FDA 2004).

3) El uso indiscriminado del antiviral nos llevará necesariamente-ya ha sido constatado- a resistencias a corto plazo.

4) Los hospitales deberán continuar su tarea de atender a los pacientes graves y no saturar a médicos y enfermeras con pacientes leves de gripe A.

5) La manera de responder a esta epidemia será con normalidad, tranquilidad, organización y eficacia para tratar adecuadamente a los casos que se compliquen. No sería saludable ni prudente tomar una actitud de pánico, miedo y descontrol, porque la alarma exagerada impedirá que se traten a los que verdaderamente lo necesiten.

6) La estrategia prioritaria deberá encaminarse a las medidas preventivas más elementales: el lavado de manos, alejarse de personas enfermas, no compartir alimentos, mantener limpios los objetos y espacios comunes y tener una alimentación equilibrada.

Este nuevo virus llegó para quedarse y su control dependerá, tanto de los recursos tecnológicos para la elaboración de antivirales más específicos, como de vacunas con alta eficacia y seguridad.

Dr. Víctor M. Pérez Pico1; Dr. Eduardo Llausás Magaña2; Dr. Giordano Pérez Gaxiola3; Dra. Nidia León Sicairos4

1Servicio de Infectología del Hospital Pediátrico de Sinaloa “Dr. Rigoberto Aguilar Pico”,
2Unidad de Enseñanza,
3Departamento de Medicina Basada en la Evidencia,
4Departamento de Investigación del Hospital Pediátrico de Sinaloa “Dr. Rigoberto Aguilar Pico”.

*Autor para correspondencia: Dr. Víctor Pérez Pico, Servicio de Infectología del Hospital Pediátrico de Sinaloa, Blvd. Constitución S/N, Colonia Jorge Almada. Culiacán Sinaloa, México. C.P. 80200.  E-mail: victor@pediatrica.org