Editorial. Vol 1. No 1.

El nacimiento de una nueva revista médica es motivo para celebrar y para congratular a sus promotores. Por eso acepto el honor de escribir esta nota introductoria.

Iniciar una nueva publicación de este género es una tarea ardua y de gran compromiso que enfrentan quienes se responsabilizan de crearla. Es también una invitación formal a los médicos, incluidos los residentes, a participar en una labor de grupo.

Las revistas médicas con documentos dinámicos que deben expresar la evolución continua y los avances de los conocimientos en apoyo a la salud; deben divulgar la experiencia de la actividad médica de los centros hospitalarios en los que se da tención a los pacientes y enseñanza a los jóvenes que se inician en la carrera de medicina, profesión que comienza en las aulas y contiúa en los hospitales indefinidamente. Pero “no basta que haya enseñanza de viva voz en las escuelas de medicina y dentro de las aulas del hospital, a la cabecera de los enfermos; no es suficiente que se impartan cursos y se realicen eventos científicos con participación y conferencias magistrales de numerosos profesores y asistencia de cientos de estudiosos. Si los conocimientos vertidos en estas modalidades de enseñanza-aprendizaje quedan en la fase de discurso hablado, se perderá el valor imperecedero de la palabra escrita”.

Los editores de revistas enfrentan varios retos:

El primero, fundamental, es obtener material, artículos para nutrir la publicación. En nuestro medio todavía es escasa la producción científica; aún no alcanza el volumen que sería deseable. Aducen los médicos que no publican porque no tienen tiempo para escribir; porque es elevada la carga de trabajo asistencial. Aunque hay parte de verdad en ello, se debe tomar ejemplo de quienes sí escriben y comparten sus conocimientos a través de las revistas. Lo cierto es que en nuestro medio tenemos que redoblar esfuerzos para cumplir con ambas labores.

Las autoridades de centros hospitalarios y de los institutos pueden y debieran sugerir e incluso ordenar que los jefes de servicio se comprometieran, con sus adscritos, a publicar cuando menos dos trabajos al año.

Los médicos residentes están obligados a presentar una tesis para obtener un certificado como especialistas en la materia que hayan estudiado. Estas tesis, debidamente elaboradas bajo la supervisión de los jefes de servicio, son la base de trabajos para ser publicados; no deben limitarse a ser documentos rutinarios para llenar un requisito y ser archivados.

Sería un paso trascendental para la medicina de México que en nuestros grandes centros hospitalarios los médicos tuvieran nombramientos de tiempo completo para poder dedicarse en cuerpo y alma a sus pacientes, a sus estudios y así libres de distractores investigar y publicar.

El segundo reto es la selección de los trabajos que reciben los editores, para elegir los que tienen originalidad y calidad intrínseca. Para ello hay que contar con un cuerpo editorial y de revisores; de profesionales expertos en los diversos temas, que sean capaces de dictaminar en forma objetiva e imparcial los trabajos y en su caso, aceptarlos o rechazarlos para publicación; que estén dispuestos a “dialogar” por escrito con los autores cuando los trabajos tengan un mensaje interesante, útil o de actualidad, pero que requieren aclaraciones, precisión de los conceptos expuestos en el texto, mejor estructuración, mejor sintaxis, correcta utilización de las referencias bibliográficas, etc., etc.

Los autores, cualquiera que sea su jerarquía en el quehacer médico, tienen la oportunidad de compartir su experiencia con los futuros lectores de la revista. Más aún, quienes laboran en los institutos o en los centros hospitalarios, tienen la obligación moral de publicar, sea su experiencia personal o la de os grupos de los que forman parte; tienen el compromiso de investigar y de no limitarse en su desempeño médico a las actividades que sólo corresponden a los dispensarios. Tienen a su disposición un enorme caudal de archivos de millares de pacientes estudiados y tratados por expertos.

Quienes envían sus escritos a las revistas deben cumplir con las normas que se solicitan. Deben tomar en cuenta y citar, cuando se justifique, a los autores connacionales y evitar que sus trabajos se apoyen solamente con publicaciones extranjeras.

De la interacción armónica entre los directores de una revista y los autores de trabajos que deban ser evaluados, depende el buen éxito de una publicación periódica. Ambos deben aceptar que mantenerla con vida y con alta calidad académica requiere una dedicación inquebrantable.

Mi felicitación y mis sinceros deseos de un venturos futuro a la revista PAEDIATRIA de México.

Dr. Jorge Espino Vela
Editor en Jefe
Acta Pediátrica de México